8/16/2008

Los condenados y el arte

Hace casi dos décadas atrás leí El que pestañea muere, de Carlos Calderón Fajardo, y lo consideré, sin mayor discusión, uno de los mejores libros de cuentos que había leído hasta entonces. No podía negar que me sentía muy cercano a sus búsquedas. Es más, hoy lo considero un hermano literario. Escribí a principios de los noventa una tesina sobre su novela La conciencia del límite último. Y escribí también de él en una novela que acabo de publicar. Lo hice como una suerte de homenaje al amigo, ahora debo confesar, que se moría. Sí, él estaba muy enfermo y se moría. Y escribí esas páginas en un momento en el cual yo igualmente creía morirme. También estaba enfermo. Fui un condenado a muerte que escribía sobre otro condenado. Pero bien, ninguno de los dos murió. Ya conocemos que el destino es caprichoso, que la vida es prestada y todos lugares comunes sobre la muerte. Ambos seguimos aquí. Y él ha escrito muchos otros libros. El último: La noche humana. Una colección de tres novelas breves que están conectadas por París, por una muchacha llamada Milú (poeta peruana de origen judío) y por escritores y artistas condenados a muerte. Decir que este libro es sólo un testimonio de la vida parisina de intelectuales peruanos entre 1920 y 1970 es una terrible reducción. Como era de esperar en libros de Calderón Fajardo, hay todavía más. En las tres novelas Milú es el eje narrativo y parece encarnar la muerte y la redención al mismo tiempo, con su miseria, su atracción y su atemporalidad. Los protagonistas ven en ella un sujeto y objeto artístico. Milú es un personaje enigma. Quieren entenderla, desean poseerla, pero ella es inasible. Y buscan, entonces, llegar a esta mujer a través de sus otras proyecciones, materializarla en la bailarina peruana Helba Huara o la joven parisina Ivonne. Comprender a Milú se torna un objetivo último para sus personajes, pero lo que debiera ser una salvación para ellos, los va tornando en fantasmas antes de la muerte. Y París es el escenario perfecto: una ciudad de espectros, un verdadero cementerio de elefantes. Los personajes Carrasco F, Amador R. o Pedro Pablo J. son personajes enfermos y es su propia enfermedad la que agudiza sus sentidos, la que los sensibiliza de una manera peculiar. Ellos tienen conciencia de ello y se entregan al arte y aceptan sus reglas; entran en un juego de dobles y correspondencias que los convierte en uno y todos a la vez.
Con la lectura de este libro, Carlos Calderón Fajardo me hace sospechar si realmente hemos sobrevivido.

No hay comentarios.:

Peru Blogs
 
Free counter and web stats