9/01/2008

Los Palma: padres e hijos

Poco antes de venir a Burdeos, me pasé unos meses visitando regularmente la Casa Museo Ricardo Palma. Es indiscutible que hay un gran interés de parte de los especialistas y lectores comunes por la obra y la vida del reconocido autor de las Tradiciones peruanas; pero en este caso, yo no iba a su Casa-Museo por él, sino por lo que de su hijo aún restaba dentro de este lugar. Por aquel entonces se me había encomendado preparar una edición de la prosa de ficción de Clemente Palma y yo ya la tenía prácticamente lista. En el Perú se sabe muy poco de este escritor. Por las lecturas obligatorias de la escuela se conoce su cuento Los ojos de Lina y su predilección por el cuento fantástico; se sabe que desdeñó la poesía de César Vallejo y que fue un crítico bilioso, y que fue un racista desembozado.
Lo que descubrí en la Casa-Museo de su padre fue un puñado de cartas que se escribieron mientras Clemente vivía en Barcelona. Eran los primeros años del siglo XX y Clemente Palma era un claro ejemplo del escritor decadente, quizás unos de los más vehementes y entregados al decadentismo que antes de su viaje sólo conocía por sus lecturas. Por supuesto, esto generó serias desavenencias con su padre. Don Ricardo Palma por momentos trató de encarrilarlo y fomentar su interés por las letras, cosa que consiguió, pero la visión que tenían ambos hacia la literatura y la vida era totalmente opuesta. Pero en otros momentos Ricardo Palma no tomaba en serio a su hijo y le recriminaba hasta las intenciones de querer contraer matrimonio o porque no le respondía alguna carta. Sobre esto último, encontré una fechada en 1902, en la que Clemente le respondía a su padre desde Barcelona:

“creo que estas explicaciones eran más satisfactorias que la que tú has dado dejándote llevar de esa injusta apreciación que siempre has hecho de mí y que siempre te ha obsesionado. ¡Estoy lúcido! Vicioso, ingrato, inmoral, jugador! Sólo falta borracho y cabrón. Es decir, creo que eso me falta en tu concepto sobre mí; no estoy muy seguro.”

Que Clemente era apostador es seguro. Pero no cualquiera. Entre sus libros hallé muchos sobre técnicas para ganar en las apuestas. Eran tratados diversos y muchos absurdos. También hallé tratados de espiritismo. El mismo refiere en algunas entrevistas que le hicieron el interés que tuvo por estas prácticas. Sus cuentos están plagados de estos ejercicios. El lo práctico para hablar con su padre muerto. Pero los resultados nunca fueron los esperados. Decía que era imposible que su padre tuviera tantas fallas en la construcción de sus frases, que no podía ser él. El sentía que quedaba una conversación pendiente. La noche que murió su padre, Clemente Palma recibió una llamada de su hermana Angélica en la que le decía que su padre agonizaba. El vivía a pocas calles, así que salió corriendo. Cuenta que no había nadie, que él corría y nadie lo veía. Cuando llegó, su padre ya había muerto.

2 comentarios:

Kitsune dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marisol dijo...

Hola:
¡¡¡Alguien que me ayude!!! Por favor, trabajo en mi tesis (sobre Clemente Palma) me interesa bibliografía que compartir porque en Jalisco no tenemos nada sobre él logre conseguir algunos textos gracias a una profesora, vía internet, por un profesor venezolano y por la Dr. Nancy Poulson, me gustaría tener contacto con los interesados en el tema

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