9/29/2008

Microfictions

Hace ya algunos post hablé de Régis Jauffret. Poco antes de enterarme de la aparición de su libro Microfictions, muchos amigos aquí en Francia me decía que el microcuento (ficción breve) no tenía mayor acogida. A lo sumo, los carnets era lo más tolerado (y practicado). Sin embargo este enorme libro, que contiene quinientas historias, vino a quebrar estas afirmaciones y a tratar de crear cierta tradición. Y creo que es más saludable hablar de "crear una tradición" antes de "imponer una moda". Y no se crea que es camino fácil. La edición que tengo, por ejemplo, anuncia este libro como una novela. Hecho meramente editorial, claro. Tratan de que este libro tenga el aura de La vie mode d'emploi de Pérec. Pero son libros con propuestas diferentes.
Aquí les dejo con la versión libre de uno de los cuentos de Régis Jauffret.


Alzaheimer insonorizado

El neurólogo me confirmó esta tarde que yo padecía la enfermedad de Alzheimer. El me prescribió unos medicamentos que retardarán su evolución durante dos años. Cuando volví a casa, mi esposa me previno que ella no se ocuparía de mí. Debo decir que desde hace quince años ella no me ama más y si yo permanezco junto a ella es porque yo me aferro a esta casa, la cual apenas acabamos de pagar la hipoteca. Ella está enfadada con nuestros dos hijos, yo jamás supe exactamente por qué. Ella me prohibió tratar de entrar en contacto con ellos. Yo le temo; ella llega incluso a darme de golpes cuando está encolerizada. Y jamás se me ha ocurrido devolvérselos; sería como poner la mano sobre mi madre.
-Ella ocupa el primer y segundo nivel de la casa.
Pero yo acondicioné el sótano a mi gusto. Igualmente lo he insonorizado para poder tocar el violín sin que ella aparezca hecha una furia y lo rompa en dos contra su pierna. Muy a menudo, permanezco aquí durante varios días sin interrupción. Me alimento de pan, jamón, queso, manzanas. Tengo un hervidor eléctrico, puedo también hacerme café y sopas. Yo iría feliz de tiempo en tiempo a Villejuif. Respiraría otro aire, me sentiría como un extranjero, bebería una copa de vino blanco en una barra del Balto, podría asimismo comprar un periódico y sentarme en una banca para oír hablar a las personas. Pero ella prefiere que yo no salga. Cuando ella se da cuenta que estoy por salir a nuestro pequeño jardín, me lanza un cubo de hielo como si yo fuera un perro. Yo me echo a llorar, pero ella asume mis lágrimas como gotas de agua.
-Nosotros debimos ser felices al principio de nuestro matrimonio.
Pero yo ya no lo recuerdo más. Sé que nosotros tenemos una hija y un hijo, pero seguido pongo la cabeza de uno sobre el cuerpo del otro. O si no desdoblo a uno para obtener dos. Ahora los años han debido pasar. Creo que yo no tomo más los medicamentos. A menos que me los trague como pan remojado. Estos tienen casi el mismo color. Yo miro el violín, no me atrevo a tocarlo. La última vez, a cada golpe del arco, éste se ponía a gritar como si le arrancara las cuerdas.
-Desde que me caí por las escaleras mi esposa se ha apiadado de mí.
Ella me echa la comida por el tragaluz. Una vez, ella bajó. Me dijo que yo nadaba en la mierda. Jamás volvió. Yo no me acuerdo más mi nombre. Pronto, yo estaré sano. No me acordaré más de mí.

2 comentarios:

basiliopc dijo...

Buena recomendación y muy buena traducción del cuento, que por cierto me ha gustado mucho. ¿Conoces más casos de minificción francesa?
Un saludo.

Ricardo dijo...

En realidad, Basiliop, en Francia la minificción es apenas difundida. Cuando encuentre otros interesantes, los pondré en este blog.

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