11/27/2008

Intimidad

Un amigo me acaba de preguntar sobre la intimidad, sobre lo que uno puede o no exponer en público. Me lo preguntó por los blogs, precisamente. Y, como siempre, yo dudo de todo. Dudo de que la intimidad se siga viendo de la misma manera como hace 20 años atrás. Digo 20 pero podrían ser 10 o 5. La noción de intimidad se ve alterada cuando vemos que muchas personas colocan sus fotos « íntimas », personales, en internet. ¿Quién no tiene una cuenta en facebook, myspace, hi5, etc. Atención, no lo vayamos a simplificar diciendo que se trata de simple exhibicionismo. Creo que hay un fenómeno mucho más complejo. Lo mismo podríamos decir de los videos en youtube y todas sus variantes. Cualquier persona nos muestra el bautizo de su hijo o el funeral de su suegra. Y no sólo eso: esperan comentarios. No se trata de una actitud pasiva. Hasta aquí hablo de cualquiera, de nuestro vecino, de quien me entero más de su intimidad por internet que por tocarle la puerta.
Esta nueva noción de intimidad que se va gestando también alcanza al arte. ¿Qué hace Sofía Calle si no es exponernos y afectarnos con su intimidad? Cada día más son los propios artistas el objeto de arte. Y en lo literario pasa lo mismo. La autoficción, o como quieran llamarle, existe. El escritor se expone, pero lo hace en un doble juego de recreación. Se muestra y se construye mientras se muestra. Entonces, ¿hablamos de una intimidad real?, ¿algo que podríamos llamar una intimidad ficticia? Suena paradójico, como todo lo que nos pasa.

1 comentario:

Ricardo Mendoza Canales dijo...

Ricardo: La noción misma de intimidad se sustrae de la clásica división entre lo público y lo privado, que nace con la modernidad. Y precisamente por eso no deja de estar construida en base a dicotomías de la metafísica que desde Nietzsche ha sido puesta en entredicho. La post-metafísica (o en términos de Vattimo, el "pensamiento débil") postula al ser como devenir; es decir, no como unidad esencial que se basta a sí misma, sino como construcción hermenéutica. ¿A qué quiero llegar? Fácil: que la identidad ya no puede ser vista como esencia, sino como construcción. Y en tanto construcción, como sostiene Butler, es performativa: es una permanente actualización, una copia sin original. De allí que hoy en día el viejo realismo del s. XIX ya no sea tan fiable para dar cuenta de la "realidad" (me refiero en tanto narración) como lo fue en su momento y surjan géneros como la autoficción, que habitan la débil frontera entre la ficción y la verdad. Después de todo, ¿qué es la "realidad"? ¿Puede ser un relato homogéneo y fiable? Bajo esta lógica es más clara la idea de ver la intimidad como performance y simulacro, y ya no como un espacio "verdadero" e interior, un pliegue de la realidad cuya cognición está velada a la exterioridad: es inaccesible, pero se le puede rodear mediante su narrativización.

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