12/31/2008

Cumple

Hoy es mi cumpleaños. El número 40. Podría escribir post de despedida de 2008, pero prefiero los post de bienvenida. Bueno, yo ya empecé a celebrar.
O quizás, antes de terminar este año, una pequeña anécdota. Esta tarde, mientras fui a cortarme el cabello, noté que una muchacha, en plena calle, hablaba sola. Creí que usaba uno de esos móviles con micro ultra sensible, pero no. Movía las manos y decía: "Alto! usted sí pase." "Usted no! Qué no entiende??" Todo lo decía mirando fijamente hacia el suelo. Pasé junto a ella y alzó la mirada. Se habrá preguntado mi nacionalidad, creo. Yo me quedé quieto. Pensó unos segundos y luego dijo: pase!
Y eso hago ahora: pasar.

12/30/2008

Mujeres de riesgo

Un comentario al post anterior me hace referencia a Sexografías de Gabriela Wiener. Si bien yo me refería solo a cuentos y novelas, el comentario me da pie para hablar un poco de l extraordinario libro de Gabriela. Es una pena que no lo tenga a la mano. De hecho es el libro más manoseado de Burdeos, pues se lo presto a medio mundo y ese medio mundo está de acuerdo en la buena calidad del libro. Para ser un libro de crónicas, debo decir que ha propiciado muchas erecciones. Y esto es todo un mérito. No porque sea difícil que yo alcance una erección -en estas épocas del viagra nadie, salvo los cardiacos, debe preocuparse por ello-, sino porque entre las páginas de este libro se consigue la nota justa, la descripción exacta y la sugerencia dosificada para poner a mil por hora la imaginación y otras membranas.
En este libro yo veo más de un mérito: darle difusión y notoriedad a la crónica latinoamericana y buscar otros registros, un lenguaje para esa novedad siempre buscada. Por otro lado, y ya lo he dicho en posts anteriores, creo que la prosa escrita por mujeres en América latina está en pleno apogeo porque arriesgan. Ellas no están con el apremio editorial de las antiguas novelas totales ni esperan quedar bien con sus lectores. Hay en ellas una rebeldía contenida que se está canalizando estupendamente en sus escritos. No quiero decir que en los hombres ya no exista esa rebeldía, pero obedecen a otros órdenes.
Por eso me entusiasmo con Sexografías. Estas crónicas nos muestran el gran espectáculo del sexo de la gente común o el sexo común de gente espectacular.

12/29/2008

Sexo por amor y algunas páginas

Como es sabido por muchos, el Salón de Libro de París tendrá como país invitado a México. Es meritorio el gran esfuerzo de los mexicanos por difundir su literatura (su cultura en general, debo precisar). Tanto así, que circulaban listas de mexicanos invitados antes que los escritores mismos se enteren. En Perú los escritores ya se habrían sacado los ojos por formar parte de esa lista, algo así como cien pirañas alrededor de una brocheta de pollo. Y los organizadores? pues ellos estarían concentrados en determinar si ofrecer Pisco o ceviche el día de la inauguración. O determinar si invitaban a la cantante Susana Baca o Eva Ayllón (estupendas cantantes; las admiro; búsquenlas en youtube, pero ustedes saben de qué hablo).
Bueno, a lo que quería ir. A propósito de la invitación de México a este salón de libro, la consigna de los editores franceses fue buscar escritores, lo conocidos y los que no. Incluso les han pedido a ciertos traductores habituales que busquen ciertas temáticas precisas. Y entre ellas está la novela erótica. Sí, al parecer hay una editorial francesa a la caza de sobadas, escarceos, lamidas y demás ocupaciones con sabor a polvo mexicano. Y, según tengo entendido, hallaron sin problemas libros a traducir. Bien por ellos. Pero cierto día un traductor, de puro curioso, me preguntó cuáles eran los escritores peruanos que desarrollaban la narrativa erótica. ____________ Largo silencio. Primero recordé El elogio de la madrastra de Vargas Llosa, y otras del mismo escritor donde los polvos transcurren con toda soltura. Asimismo se vino a mi mente otras narraciones con buenos momentos de erotismo, como Canto de sirena de Gregorio Martínez y cuentos de Gálvez Ronceros. ¿Y qué más? ¿no hay más polvos en la literatura nacional? o como diría un personaje en Pantaleón y las visitadoras: acaso creen que no tenemos pishula? Claro que los hay! No sé por qué, pero tengo la impresión de que la narrativa peruana es tan solemne que los polvos tienen un aire de tristeza. No hay sexo espontáneo, libre, porque sí, como es tan pródiga la narrativa caribeña, por ejemplo. Parece que en la narrativa peruana todavía se tiene sexo por amor, o por desamor. _____________ otro largo silencio antes de que estalle a carcajadas.

12/23/2008

La decencia del discreto

¿Quién determina el tiempo prudencial para la publicación entre un libro y otro de cualquier escritor? Dicen que debe haber un promedio de cuatro años. Dicen que publicar un libro tras otro, anualmente, no es bueno. El argumento que esgrimen es que con el tiempo el libro madura. Todo es posible, pero creo que no hay reglas para tales maduraciones. Ejemplos hay a miles de escritores que escribieron y publicaron lo mejor de su obra en un periodo corto de tiempo. Los hay también que esperaron toda la vida para terminar un único y magnífico libro. Lo que está claro es que el cajón del escritorio no le dará mayor calidad, así se trate de un escritorio en roble.
Otro asunto es que se hable del ritmo de publicaciones con criterios comerciales, en tanto objeto de venta y consumo. Es evidente que quien tiene la decisión es el editor. Si el escritor de su casa editora es bueno y vende, es lógico que lo presionará para que termine sus libros. No le conviene que sus escritores se tomen diez años, por poner un ejemplo. En esta época el producto tiene que estar en las narices del consumidor, sino, no existe. Repito que éste es un criterio comercial que involucra a escritores "comerciales" -que los hay- y los que no lo son. No confundamos las cosas, que ya un joven escritor despistado me tomó como contraejemplo, como si yo declarara que hay que publicar seguido y a cómo dé lugar. No se puede ser ingenuo ante la evidencia de las nuevas reglas del mercado editorial, pero tampoco se puede entregar a este juego sin dar batalla y tratar de replantear las reglas. Finalmente, cada uno será responsable de lo que escriba y cuando y cómo lo difunda.

12/22/2008

Títulos que ya no me gustan (o cuando el juego nos hace estúpidos)

Si alguien termina de escribir un libro de cuentos, una novela, un poemario, etc. y carece de títulos para su libro, no hay nada más fácil que buscar un sustantivo común que remita al nombre de una ciencia o afines, y luego pegarle al lado un adjetivo o modificador indirecto que hable de sentimientos (y también afines). El lenguaje es maravilloso y un eterno peligro.
Aquí una lista de títulos posibles. Si alguno ya encabeza su publicación, sólo sonreía -de hecho alguno pertenece a algún autor extinto y que ahora sólo es tinta-.

Geometría del amor
Arquitectura de la soledad
Cuántica del deseo
Mecánica del dolor
Números tristes
Enciclopedia mínima
La velocidad del silencio
Tanques melancólicos
La soledad de los aviones
Aritmética sublime
La nostalgia de las catedrales
Cálculos inquietos
La nobleza del vacío
El milagro sólido
El orgasmo infinitesimal
eyaculación procaz

(se aceptan sugerencias)

12/09/2008

Ciertos caminos hacia Un lugar llamado Oreja de Perro



Las novelas nos invitan a rastrear su tradición, sus tradiciones. A las novelas, mientras las leemos, les creamos su tradición, sus tradiciones. Leo En un lugar llamado Oreja de Perro, de Iván Thays, y recuerdo que el poeta Stéphane Mallarmé se culpaba de la muerte de su pequeño Anatole. Este niño murió a los ocho años a causa de una enfermedad congénita. Mallarmé escribía cartas a sus amigos y les decía que él no podía hacer nada contra una enfermedad que afectaba a su hijo y a la cual él mismo había sobrevivido. Leo En un lugar llamado Oreja de Perro y recuerdo la hija muerta de Víctor Hugo. Léopoldine se acababa de casar y daba un paseo con su esposo en una embarcación por el Sena. De pronto, una mala maniobra hizo que la muchacha de 19 años cayera al río. Su marido se lanzó tras ella para rescatarla, pero ambos murieron. Dicen que ella estaba embarazada. Víctor Hugo se enteró mientras leía un periódico en un café durante uno de sus veraneos con su amante en el sur de Francia. El se culpó muchas veces. Decía que la muerte de su hija era un castigo a su infidelidad. Leo En un lugar llamado Oreja de Perro y recuerdo otra novela, En lengua materna, del coreano-americano Lee, Chang-rae. El protagonista es un espía que ya no le importa cambiar de identidad. La suya, su identidad, se ha quebrado con la muerte de su hijo y el abandono de su mujer. Pero requiere hurgar y contemplar las piezas que fue y será.

***

En un lugar de La Mancha del cual no quiero acordarmeEn un lugar… Todos tenemos un lugar que ocultar, que olvidar, pero ese lugar guarda una memoria.

***

Oreja de Perro existe. Se construyó en una topografía mental. Igualmente existe Busardo, en otra de las novelas de Thays, El viaje interior. Como también existe el propio Perú, en esa topografía que todos hemos delineado a nuestro antojo y que al parecer muchos reclaman como única. En el caso de Thays es interesante saber que estos lugares nunca son su tierra natal. Y por ello, en un primer nivel, el protagonista será y se sentirá siempre un marginado, alguien que busca conocer los códigos del entorno, pero ante lo cual siempre está el peligro de ser expulsado. Sin embargo, en un segundo nivel, estas ciudades son una especie de Itaca a la inversa. Una vez que se encuentra en esa Oreja de Perro física, el protagonista realiza otro viaje a esa otra Oreja de Perro, en la que su pasado tiende a ser borrado, como si nada antes hubiera sucedido. Y en este viaje lo acompaña, a través de una inevitable memoria, la dolorosa presencia de su hijo muerto.
Pero también hay otra memoria que lo guía, la de una muchacha lugareña que está embarazada y que no puede olvidar la desaparición de su madre durante los años más cruentos de la violencia en el Perú. Incluso, al protagonista lo persigue esa no-memoria del hombre que perdió a su esposa e hijos en un accidente. Todos saben de su pasado menos él. De esta manera, lo que tenemos son memorias reemplazadas, sufrimientos que se corresponden. Dolores fragmentados.

***

Antes, casi todas las novelas las leíamos bajo el principio de que debían ser verosímiles -guardar su lógica interna- y que debían, por tanto, hacernos olvidar de que se trataban de mundos ficcionales. En estos últimos tiempos, por el contrario, hay escritores que le enrostran al lector que lo que están leyendo es ficción, un artificio, que no deben creer lo que leen. Sin embargo, estas evidencias causan un efecto perturbador en el lector, pues surgen nuevos modos de lectura. Por otro lado, en esa estrategia, el autor interviene, o puede hacerlo, como personaje –tal cual o distorsionado-, y él también se convierte, entonces, en un artificio, en una mentira descubierta por todos, en un entrometido entre la ficción y la realidad.
En un lugar llamado Oreja de Perro me es inevitable no notar la correspondencia con el autor. Pero para los que no saben nada de Iván Thays, difícil –diría imposible- en estos tiempos de facebook, blogs y toda difusión por Internet, hasta la mínima información del autor en la solapa del libro nos da una advertencia y nos predispone a su presencia en la novela. Pero lo que se consigue, lo que busca en esta sobre exposición, es desaparecer. En un pasaje de la novela, el protagonista observa desde su ventana como se graba unas secuencias de lo que podría ser una telenovela o una película. De pronto deja de lado la imagen de los camarógrafos y todo el equipo de grabación y se concentra en la pareja de actores. Pero todo se detiene, la pareja se interrumpe. El observador ha terminado por entrometerse en la filmación. Luego el observador se retira, se esconde detrás de una cortina y vuelve a su propia representación.

***

¿Qué sucedió realmente en el Perú desde el principio de los años ochenta? En esta novela, como quizás en La hora azul de Alonso Cueto o Abril rojo de Santiago Roncagliolo, por sólo citar a las de algunos escritores a los que cierta crítica (practicada por un otro grupo de escritores) tiende a llamar (y simplificar) como criollos, costeños y otros términos que buscan ser excluyentes, hallamos algunas constantes. Una de ellas es que los que representarían a los integrantes de Sendero Luminoso o el MRTA, casi siempre son personajes brumosos, fantasmales o ausentes. Se habla de ellos, pero no tienen una participación directa en la trama de la novela. A diferencia de la muy marcada presencia militar: agresiva, desquiciada, neurótica al no saber exactamente contra qué o quiénes está o estuvo peleando.
Luego tenemos al protagonista, que suele ser de la capital, con una vida resuelta económicamente, y que en determinado momento tiene que, no únicamente enfrentarse a una realidad que parece desbordarlo, sino integrarse a la problemática misma de la violencia. Es lo que le sucede al periodista que va a Oreja de Perro y reemplaza una memoria por otras. Quiere entender qué sucedió y cómo se relaciona él en ese entorno. Y en el caso de esta novela, el protagonista deja en claro sus limitaciones. No tiene la capacidad de falsa adaptación, por ejemplo, del fotógrafo Scamarone, también de la capital, un verdadero criollo –criollazo, lo llamaríamos en Lima-. Y digo falsa adaptación porque este tipo de personajes no busca entender o problematizar lo que pasó en el Perú, sino recubrirlo todo de charlatanería. En este sentido el protagonista es honesto en su desconocimiento, en sus temores, en reconocer una estética distinta, que no tiene por qué contentarlo, pero sí reconfortarlo en las nuevas coordenadas que se establece en su vida.

***

La historia privada del protagonista de Un lugar llamado Oreja de Perro también guarda una estrecha correspondencia con El Informe de la Comisión de La Verdad –que también se discute en la propia novela-. En un pasaje leemos: “Pensamos que las fotografías, los recortes de periódicos, las cartas, los videos, los testimonios, los recuerdos, sostienen la memoria. Pero no la sostienen, la reemplazan.” Se puede sostener, en otro nivel de lectura, que Thays plantea que todos aquellos muertos, desaparecidos, durante los años de la violencia, desde el momento en el que se tomaron los registros de sus existencias, recobraron su memoria, y que la novela misma, en tanto soporte textual, guarda una memoria, o todas las memorias.
***
En Las fotografías de Frances Farmer, publicado en 1992, hay un cuento titulado "No necesariamente rubia" en el que un hombre público, que lleva un programa de televisión, es llamado por la policía para que responda unas preguntas a propósito del descubrimiento del cadáver de un muchacha. Paralela a esta historia, vemos otra, la de una niña en una pequeña casa a orillas del mar. En su historia, la de la niña, vemos un pasaje que nos lleva también a otro de Un lugar llamado Oreja de Perro. La lugareña embarazada le cuenta al protagonista los momentos previos a la desaparición de su madre. El pasaje en común se refiere a que ambas niñas disfrutan al contemplar y lavarse los pies en una batea llena de agua. En la novela la niña se frota los pies con los de su madre. Es inevitable no ver una comunión, un rito de amor y purificación en este hecho. Un momento de felicidad al cual hay que aferrarse.
***
Algo más me queda claro: con esta novela, Iván Thays confirma que la intimidad -una estética de la intimidad, podríamos decir-no se riñe con el imaginario colectivo, con una problemática social determinada. Esta afirmación debería ser una perogrullada, pero en el Perú no lo es.
Un lugar llamado Oreja de Perro nos lanza al vacío, como debe ser.

(Iván Thays. Un lugar llamado Oreja de Perro, Anagrama, 2008.)
Peru Blogs
 
Free counter and web stats