2/24/2009

Patrick Modiano, primera entrada

Desde el año pasado, la presencia de Patrick Modiano en lengua española ha cobrado, recobrado es la palabra, las grandes dimensiones que merecía. Llegué a sus libros por azar, en francés, hurgando estantes en una bouquinerie que está a dos calles de mi casa. El primer libro que leí fue Boulevards de la ceinture, y a éste inmediatamente siguieron La Place de L’Etoile, La ronde de la nuit, Villa Triste, Dora Bruder, Livret de famille, y otras más. Cada vez que preguntaba por él, nadie parecía sorprenderse. Sí, un buen escritor, ¿y?, es lo que me decían. Era evidente que no compartían mi entusiasmo. Algunos pocos, con la intención de parecer amables conmigo, me contaban que Modiano rara vez es entrevistado en televisión porque no hay modo que cierre una idea. Su elocuencia en público es imposible para sus entrevistadores. Todo esto muy lejos de su prosa clara, perfectamente construida y por demás atrayente.
De sus novelas la crítica siempre ha destacado el tema del mundo judío de la Francia de fines de la Segunda Guerra, el que narrara de un mundo que Modiano no vivió –como si fuera estrictamente necesario-. Sin embargo, creo que han dejado de lado mencionar que sus personajes siempre buscar reconstruir el mundo de algún personaje perdido por una suerte de insatisfacción de su presente. En muchas de sus novelas, los protagonistas de pronto abandonan lo poco que poseen para internarse del todo en una pesquisa desde el principio condenada al fracaso.
Una impresión que tengo, quizás bastante arbitraria, proviene después de leer Un pedigree. En este libro Modiano nos habla de su padre, de su madre y de su hermano Rudy, muerto cuando niño. Busqué entre sus primeras novelas y descubrí que varias fueron dedicadas a este hermano desaparecido. Pensé -quise pensar- que lo que Modiano hacía, puede que inconscientemente, era construirle una historia a su hermano. Pero no una historia hacia adelante, un posible futuro, sino proponerle un nuevo pasado, en el que el absurdo de las desapariciones, bajo el contexto de la guerra, le proporcionaban una lógica distinta, un sustento para ir en constante marcha atrás.

2/12/2009

El diablo editor

No es novedad para nadie que el mercado editorial español dicta las reglas para la difusión de los autores latinoamericanos. También estamos de acuerdo en que vienen apareciendo editoriales independientes, y de gran calidad, entre nuestros países. Los escritores de América latina, cada vez que pueden, suelen quejarse de esta suerte de dependencia del mundo editorial de España. Este reclamo me parece válido y lo respaldo. Es lamentable que no podamos leer a los escritores de otros países, sin la venía, el filtro, el criterio que se dictamina desde despachos madrileños o catalanes.
Ahora bien, hecha la queja, hay algo que no me termina de convencer. Si el diablo, tal como lo hemos pintado, sólo quiere vender libros e imponer autores, por qué sabemos tan poco de los escritores españoles. Por qué esa gran maquinaria que nos atormenta no ha conseguido que un lector común y corriente argentino, chileno, peruano, mexicano, etc. ande con una novela bajo el brazo, por ejemplo, de Andrés Barba, Marcos Giralt Torrente, Ismael Grasa, por sólo mencionar a algunos autores jóvenes de evidente calidad. Claro, me dirán Vila-Matas, Pérez- Reverte, Javier Marías, Cercas, Muñoz Molina, Eduardo Mendoza, Rosa Montero, y podrán agregar unos nombres más, pero estoy seguro de que ese puñado de autores no hace toda la literatura española. Hay nombres que circulan a toda velocidad en España pero que en América latina se tornan en rumores. ¿Es que a los latinoamericanos realmente les interesa la narrativa española? Y si la respuesta es no, entonces por qué los españoles tendrían que interesarse a rabiar por lo que se escribe de este lado del Atlántico (eso del charco nunca me ha gustado). Pero si la respuesta es positiva, que cualquier lector latino estuviera dispuesto y anheloso de leer a los española, qué está pasando con ese diablo editor que no hace bien su trabajo. Como ven, hay muchas preguntas y pocas respuestas. Pero por algo se comienza.

2/07/2009

Jugarse la camiseta

Bueno, siguiendo con el post anterior y con la respuesta de Thays, me gustaría decir lo siguiente. El dice en su respuesta que lo malinterpreto y que yo asumo que él opone el concepto "homogéneo" latinoamericano vs. el "heterogéneo" peruano. Veamos, en su primer post él dijo:
las diferencias o particularidades entre los países que forman lo latinoamericano son ambiguas y borrosas (o borradas del todo)”. Si mi lectura no me engaña, al ser borrosas estas diferencias, se tiende, quiérase o no, hacia visión homegenizadora de lo latinoamericano. Ahora bien, si en su respuesta agrega, o corrije, “Creo que la literatura de todo país es dispersa, versátil y heterogénea, incluso en los países que pretenden obligar a sus escritores a tomar una dirección única”, por lo tanto, el conjunto que engloba a estos países también es heterogéneo. Hecha la corrección, su frase “La diversidad siempre ha sido el signo de cualquier literatura”, no podría ser más acertada.
Sin embargo, me da la impresión de que no estuviera convencido del todo con su propia argumentación, pues retoma la noción globalizadora cuando afirma: “Pero es un hecho concreto que para el resto del mundo lector, un "escritor peruano" es apenas distinguible a un "escritor ecuatoriano" digamos. Bolaño en EEUU no es un escritor "chileno" sino "latinoamericano" y el concepto McOndo, a pesar incluso de sus autores, sigue funcionando mejor que el de cualquier nacionalidad.”
Quizás nos ayude a todos si aclaramos de qué “mundo lector” está hablando. Tengo la impresión de que hablara de un lector fuera del ámbito latinoamericano. EEUU, por ejemplo; o el francés; para quienes sin duda decir peruano o ecuatoriano o chileno da lo mismo. Pero esto parte de un desconocimiento de ese lector, no de una actitud frente al texto literario. Es lo mismo cuando el lector latinoamericano habla de la literatura de Europa del Este, viéndola como un solo bloque. Es natural que un lector externo a estos territorios primero se fije en las semejanzas que en las diferencias, pero ello no justifica que su mirada sea la que determine la mirada del resto. Para un lector peruano sí hay diferencias entre otro chileno o ecuatoriano, pero a lo mejor no capta las diferencias entre el escritor de Quito o Guayaquil, etc. Como verá también afinidades.
Sin duda Bolaño es un escritor chileno, pero también es más que un escritor chileno, como también es más que un escritor latinoamericano. Estamos de acuerdo en que una categoría no cancela la otra. Y con el concepto McOndo pasa lo mismo. Podríamos hablar de una doble articulación entre lo nacional y lo latinoamericano, pero siempre será referencial, nunca suficiente para entender todo este complejo fenómeno de la territorialidad de la escritura.

2/06/2009

De literaturas y naciones

Leo en el blog de Iván Thays, Moleskine Literario, un post en el que da algunas afirmaciones que, como él sostiene, son « indecibles » en el contexto peruano. Lo dijo, por cierto, en el marco de la Feria del Libro de Trujillo. Me gustaría dar asimismo mis impresiones sobre los tres puntos dichos por él.
Cuando afirma “que César Vallejo es un enormísimo poeta, pero el único poeta peruano que logró darle al castellano un lenguaje distinto al que recibió fue José María Eguren”, yo no podría estar más de acuerdo. En efecto, sin una lectura atenta a Eguren, a quien deberían prestar mayor atención, dudo mucho que se pueda apreciar en todas sus dimensiones la obra poética de Martín Adán, Jorge Eduardo Eielson o Blanca Varela, por sólo dar unos nombres capitales. La exploración verbal de JM Eguren fue a los cimientos del propio lenguaje, de la imagen y del pensamiento; en esa zona oscura en la que palabra se torna un espectro. Alguien podría afirmar que en el Trilce de César Vallejo se alcanzaron estos cotos. Yo creo que el lenguaje particular de Trilce, de una manera magistral, hizo sucumbir las estructuras poéticas, pero, podríamos decir, desde la luz, desde lo percibible.
En el segundo punto Thays afirma: “Que la literatura peruana, como individualidad, no existe fuera de los manuales escolares. Nosotros formamos -gracias a dios- a una fracción más amplia, diversa e interesante que es la Literatura Latinoamericana. Y desde lejos, las diferencias o particularidades entre los países que forman lo latinoamericano son ambiguas y borrosas (o borradas del todo). Amén.” Comparto su idea de que la literatura peruana no existe, pero me parece que no por las mismas razones. Esa visión bolivariana de la literatura no me convence. Creo que la literatura latinoamericana también existe sólo en los manuales, y no sólo escolares, sino también universitarios. En este ámbito se la considera un gran bloque homogéneo; muy didáctico, pero irreal. Me pregunto si es perjudicial que se mantengan las diferencias entre los latinoamericanos. No creo que sea dañino saber que el otro es diferente. Por otro lado, si seguimos la lógica que Thays plantea, tendríamos que aceptar también que la literatura argentina, mexicana, brasilera, etc., como individualidades, no existen. Es aquí donde empiezan mis sospechas. Lo que sucede es que en el caso peruano el criterio de nacionalidad siempre ha estado en crisis, una eterna construcción que no tiene cuando acabar. Decir “peruano” dice mucho y no dice nada. Si su intención es englobar, reconciliar, no lo consigue. No existe una individualidad “peruana”, sino individualidades fracturadas. Y algo, o mucho, de esto pasa en el resto de países vecinos.
Ante este panorama, entiendo el razonamiento de Thays, y que es más saludable insertarse en un marco mayor, “amplio, diverso e interesante”, como él sostiene. Pero creo que esto no resuelve el conflicto.
Cuando se dice que ya no se puede hablar de literatura nacional, que el adjetivo “nacional” se desdibuja, yo creo, por el contrario, que lo que se desdibuja es la noción de “literatura”.
Esta última afirmación merece desarrollo. Lo sé. Lo haré en otro momento. Como también dejo pendiente el tercer punto que menciona Thays. Tengo que ir a trabajar.
Post data (desde la oficina) : Hace exactamente 20 años, en un primer sábado de febrero, conocí a Iván Thays en el Museo de Arte de Lima, en el Taller de Creación Literaria que organizaba Otilia Navarrete. Recuerdo que ese sábado lo primero que le oí decir a Iván fue justamente "la literatura peruana no existe". En ese momento esa afirmación me molestó mucho (yo todavía creía en los manuales escolares). Y, sin embargo, para que vean que no sólo en las coincidencias se siembran amistades, Iván y yo hemos sido -y somos- amigos; hermanos pues. Y a modo de celebración, 20 años no es poco, he decidido no estar de acuerdo con él. A ver si así nos vamos para otros 20 años más.

2/04/2009

Yo siempre amo

a) Según una empresa encuestadora de amplio reconocimiento, el porcentaje de hombres franceses que dicen “te amo” una vez al día es superior al de las mujeres.
b) Según la misma fuente, en proporción todavía mayor, los hombres mienten más seguido que las mujeres.
c) ¿Los hombres mienten a las encuestadoras o a sus parejas?

2/03/2009

¿Qué nos falta?

He leído a varios críticos y escritores afirmar que el microrrelato se está escribiendo masivamente y con la mano izquierda. Lo mismo dicen de las novelas que hablan de escritores y la autoficción. Lo mismo de los escritores que publican novelas que no parecen novelas y mezclan ensayos, crónicas y otras formas de escritura. Que ya son muchos los que escriben policiales sangrientos, políticos, históricos, y que el medioevo ya está exprimido como un limón. En España ese limón se llama Guerra Civil y dicen que ya nadie lo aguanta.
Esos críticos y esos escritores tienen razón. ¿Qué nos falta? ¿Que venga un anciano alucinado que asuma que todos estos géneros y subgéneros son uno solo y que los tomé como modelo de vida? ¿Que se enamore y se atreva a salir de casa? Por suerte hay quienes dudan de los tiempos cíclicos.

2/01/2009

¿y qué escritor eres?

Las clasificaciones son arbitrarias e insuficientes; sin embargo, plantearlas, nos ayuda circunstancialmente a enfrentar determinados fenómenos. En la caso de la escritura de ficción, me parece haber detectado cierto tipo de visiones y me gustaría proponer (proponerme, en verdad) una clasificiación que toma como referencia algunos cuentos de Jorge Luis Borges.
En primer lugar, podrímos tener los escritores Aleph, los que asumen que su narrativa -que cada cuento, cada novela-, en realidad está conectada con toda la tradición, todas la tradiciones; que sus historias hablan de todas las historias. “Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los águlos”, según propone el famoso cuento de Borges.
En segundo lugar tendríamos los escritores Emma Zunz, los que plantean sus ficciones como máscaras de otras historias, superficies de otra ficción mucho más compleja e inasible, las que en verdad “… sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.
Luego estarían los escritores Pierre Menard, los que asumen que narran historias de siempre, pero que suponen nuevas lecturas, nuevas actualizaciones sujetas al tiempo y espacio del lector.
Y después están los otros, quizás los más, los que creen, o quieren o les conviene creer, que sólo están narrando historias.
Esta es una clasificación incompleta, pues la noción de lo completo también ameritaría otras clasificaciones.
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