2/06/2009

De literaturas y naciones

Leo en el blog de Iván Thays, Moleskine Literario, un post en el que da algunas afirmaciones que, como él sostiene, son « indecibles » en el contexto peruano. Lo dijo, por cierto, en el marco de la Feria del Libro de Trujillo. Me gustaría dar asimismo mis impresiones sobre los tres puntos dichos por él.
Cuando afirma “que César Vallejo es un enormísimo poeta, pero el único poeta peruano que logró darle al castellano un lenguaje distinto al que recibió fue José María Eguren”, yo no podría estar más de acuerdo. En efecto, sin una lectura atenta a Eguren, a quien deberían prestar mayor atención, dudo mucho que se pueda apreciar en todas sus dimensiones la obra poética de Martín Adán, Jorge Eduardo Eielson o Blanca Varela, por sólo dar unos nombres capitales. La exploración verbal de JM Eguren fue a los cimientos del propio lenguaje, de la imagen y del pensamiento; en esa zona oscura en la que palabra se torna un espectro. Alguien podría afirmar que en el Trilce de César Vallejo se alcanzaron estos cotos. Yo creo que el lenguaje particular de Trilce, de una manera magistral, hizo sucumbir las estructuras poéticas, pero, podríamos decir, desde la luz, desde lo percibible.
En el segundo punto Thays afirma: “Que la literatura peruana, como individualidad, no existe fuera de los manuales escolares. Nosotros formamos -gracias a dios- a una fracción más amplia, diversa e interesante que es la Literatura Latinoamericana. Y desde lejos, las diferencias o particularidades entre los países que forman lo latinoamericano son ambiguas y borrosas (o borradas del todo). Amén.” Comparto su idea de que la literatura peruana no existe, pero me parece que no por las mismas razones. Esa visión bolivariana de la literatura no me convence. Creo que la literatura latinoamericana también existe sólo en los manuales, y no sólo escolares, sino también universitarios. En este ámbito se la considera un gran bloque homogéneo; muy didáctico, pero irreal. Me pregunto si es perjudicial que se mantengan las diferencias entre los latinoamericanos. No creo que sea dañino saber que el otro es diferente. Por otro lado, si seguimos la lógica que Thays plantea, tendríamos que aceptar también que la literatura argentina, mexicana, brasilera, etc., como individualidades, no existen. Es aquí donde empiezan mis sospechas. Lo que sucede es que en el caso peruano el criterio de nacionalidad siempre ha estado en crisis, una eterna construcción que no tiene cuando acabar. Decir “peruano” dice mucho y no dice nada. Si su intención es englobar, reconciliar, no lo consigue. No existe una individualidad “peruana”, sino individualidades fracturadas. Y algo, o mucho, de esto pasa en el resto de países vecinos.
Ante este panorama, entiendo el razonamiento de Thays, y que es más saludable insertarse en un marco mayor, “amplio, diverso e interesante”, como él sostiene. Pero creo que esto no resuelve el conflicto.
Cuando se dice que ya no se puede hablar de literatura nacional, que el adjetivo “nacional” se desdibuja, yo creo, por el contrario, que lo que se desdibuja es la noción de “literatura”.
Esta última afirmación merece desarrollo. Lo sé. Lo haré en otro momento. Como también dejo pendiente el tercer punto que menciona Thays. Tengo que ir a trabajar.
Post data (desde la oficina) : Hace exactamente 20 años, en un primer sábado de febrero, conocí a Iván Thays en el Museo de Arte de Lima, en el Taller de Creación Literaria que organizaba Otilia Navarrete. Recuerdo que ese sábado lo primero que le oí decir a Iván fue justamente "la literatura peruana no existe". En ese momento esa afirmación me molestó mucho (yo todavía creía en los manuales escolares). Y, sin embargo, para que vean que no sólo en las coincidencias se siembran amistades, Iván y yo hemos sido -y somos- amigos; hermanos pues. Y a modo de celebración, 20 años no es poco, he decidido no estar de acuerdo con él. A ver si así nos vamos para otros 20 años más.

1 comentario:

LuchinG dijo...

Gambito de Peón se volvió a caer.

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