6/07/2009

¿Quién conoce a Luis Loayza?

Nunca he visto en persona a Luis Loayza. Salvo una repetida fotografía de sus años de juventud y otra tomada en Europa, frente a su casa, en años más recientes y aparecida en el suplemento de un diario local, no tengo más rastros físicos de este fundamental escritor. Muchos amigos míos afirman también haber visto otra fotografía en la que aparece jugando su celebre partida de ajedrez contra el campeón norteamericano Bobby Fischer. Yo no la vi jamás. Si me cruzara con él por alguna calle, lo confundiría con cualquier otro limeño; aunque quizás convenga preguntarse qué limeño es Luis Loayza. Lo pregunto porque en casi todos sus cuentos de su libro Otras tardes, que apareció en 1985, sus personajes rememoran una ciudad para ellos prácticamente aniquilada. En el cuento “Padres e hijos”, aparece la pregunta: ¿Qué quedaba de la ciudad delicada en el caos ruidoso e impersonal que sigue llamándose Lima? Es curioso, la ciudad delicada a la que se refiere el cuento se da en las primeras cuatro décadas del siglo XX, y la caótica e impersonal en los años setenta y ochenta, años de mi infancia y a la que difícilmente yo podría calificar en cualquiera de los dos extremos, pero sí podría afirmar que hoy, a inicios del XXI, también ha cambiado para mí, que soy limeño. ¿Cuál? No lo sé.
En el caso de Luis Loayza, los personajes de su libro de cuentos perciben este cambio porque indubitablemente han sufrido una ruptura. De lo contrario, en la continuidad, en la rutina citadina, las mutaciones se habrían dado en ellos de un modo imperceptible, de una manera inexpresiva. En el cuento “La segunda juventud”, el protagonista es un diplomático que, a pesar de él mismo, vuelve a la ciudad y descubre los cambios en ella y en sus personas más allegadas. En los demás cuentos, los protagonistas perciben que sus vidas han sido escindidas en un momento que ellos no logran precisar. Estos quiebres se dan por retornos al país, rupturas sentimentales, ausencias familiares o por un simple estado de ingravidez dictaminado por los calores estivales o la grisura del invierno limeño. Y cuando vuelven la mirada, lo primero que notan son casas derruidas, nuevas construcciones, una nueva lógica que rige las vidas de los otros y que ellos no han sabido aplicar ni asimilar.
Varias de las mujeres limeñas de este libro, huyendo de la molicie invernal de esta ciudad, prefieren alternar su vida en zonas de clima templado, en los tibios espacios de Chosica o Chaclacayo, y sólo pasando temporadas en Lima, en los pocos meses del verano. El cuento “Otras tardes” es genial al presentar al entrañable personaje de Ana, cuya disponibilidad para la pasión depende y se ajusta con los rayos del sol en la capital. Con Graciela, personaje femenino de “La segunda juventud”, encontramos a una mujer que odiaba vivir encerrada en Lima, donde, según ella, nunca pasaba nada. Los sentimientos que comparte con ella en determinado momento el protagonista se muestran de la siguiente manera: “Mi amor fue limeño, mortecino y desesperado como la garúa, y creo que ella también sentía por mi una pequeña pasión.” En Adela, muchacha grácil que mueve a la amistad y complicidad del protagonista en el cuento “Enredadera”, la rebeldía, la gran necesidad de ir en contra de lo que disponía la tradición familiar de entonces, se ve afectada por su propia pasión. Las demás mujeres presentan una movilidad que, para bien o para mal de ellas, las lleva hacia algún punto determinado, en la soledad o la complacencia de un mesurado amor.
Con los hombres es diferente. Los personajes no llegan a ninguna parte. El pasaje clave, la metáfora que nos ilumina el destino de estos hombres, dice: “En el comedor volví a encontrar el juego de té con figuras azules en las que un chinito, después de tantos años, no acaba de cruzar el puente.” La distancia del narrador frente a lo que cuenta le brinda un reposado aliento para la reflexión, para a través de la memoria reconstruir instantes que le puedan aclarar el porqué de su inconformidad, la razón de no haber terminado de cruzar el puente. Obviamente, lo mejor para estos personajes es tratar de recordar desde donde emprendieron ese cruce. Y vemos que el extremo de la partida está el centro de Lima. En el cuento “Otras tardes”, el joven profesor va hacia centro para dar sus clases en un curso universitario de verano. Este será el escenario para el tenso romance que emprenderá con una mujer casada. En “Enredadera”, el protagonista ha abandonado su casa para ir a vivir a la de la abuela en Miraflores y, como dirá él: “sintiéndome desterrado de Lima, es decir del centro de la ciudad que es lo que propiamente se llama Lima, como si los demás barrios más nuevos y alejados fueran ya el comienzo de las provincias”. En “Padres e hijos”, un arquitecto maduro, huérfano de padre a los siete años, realiza unos recorridos por la ciudad para poder establecer vínculos familiares con su padre, con lo que era él. Allí se puede leer: “La búsqueda lo sacaba de sus propios recuerdos de infancia, pasaba de los años treinta a los veinte, de Miraflores al centro de Lima, a la época y los ambientes de la juventud de su padre.” En “La segunda juventud”, el diplomático de carrera visita sus años universitarios en el centro, durante una primera juventud, para aproximarse tímidamente a un presente difuso. En “Fragmentos”, último texto del conjunto, las diversas piezas, dislocadas entre sí, se unen por una misma atmósfera y estrategia: la rememoración, la ciudad, el afán de fijarse en ese centro de Lima, que nos hace tan distintos con los años, pero semejantes cuando creemos convivir con los fantasmas.
Otras tardes es un libro que no deja de sorprenderme y creo que, de animarme a ir nuevamente por las calles del centro de Lima, es muy probable que me encuentre con Luis Loayza en la mitad de algún puente.

2 comentarios:

Félix dijo...

A mi me encanta este fragmente de "El sol de Lima"...

El Perú fue el imperio del sol, Lima es la capital del Perú, por lo tanto no puede haber en el mundo un lugar más soleado que Lima. El clima tropical de nuestra ciudad es una de sus características más famosas. [...]
Todas las rectificaciones son inútiles. ¿Cómo explicar que la ciudad de sol es tan húmeda que a veces parece submarina, que la niebla nos ha vuelto a sus habitantes un poco anfibios? Los europeos se negaría a admitir el desengaño.

Muchas gracias por rescatar a Loayza, un escritor del crepusculo.

Un abrazo, Ricardo.

Félix Terrones

Anónimo dijo...

Yo por lo pronto he dado conque se su segundo nombre es Aurelio, Luis Aurelio Loayza, al menos así lo presenta W. Delgado en "Historia de la Literatura Republicana". He querido indagar más, pero nada, al igual que ud. solo fotos, que es amigo de MVLL, que viajó a Ginebra hace mucho tiempo, y que en 1993 se hizo una última edición de "El sol del Lima" (ensayos), eso es todo. ¿Alguien sabe si aún está vivo?

Roberto.

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