6/02/2010

Otras maneras

Le costaba trepar por la ventana. Una de sus manos sujetaba el borde y agitaba sus pies de una manera franética. Semejaba a un animalillo desesperado, como si los dedos de sus piececillos tuvieran las garras necesarias para fijarse en el muro. No obstante, lo único que originaba era un alboroto desmedido. Inmenso.
Y nosotros lo veíamos hacer desde este lado de la pared. Otros afirmaban que algunas veces hacía lo mismo desde el otro lado. Pero nosotros no tenemos manera de comprobarlo. Digamos que nuestras garras nos mantienen fijos a este suelo.
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