5/01/2011

Que te coma el tigre

La fecha de la segunda vuelta se acerca y la confusión en el Perú es enorme. La clase política se suma a uno u otro candidato; respalda, niega, reniega. Los intelectuales hacen otro tanto. Se pretende ser cautos, objetivos, imparciales, pero no podemos negar que toda opinión se ve inmediatamente embarrada por las distorsiones de los afiebrados que ya ven el cometa Halley caer sobre el Perú. Cuesta mucho tomar posición. Incluso mirar a la distancia te vuelve sospechoso. También están, por supuesto, los que desde el principio han tenido las cosas muy claras y que ven como buenas alternativas ya sea a Keiko Fujimori o a Humala. Para esta gente, todo lo que se dice en la prensa, radios, blogs, etc. no les va a cambiar la opinión. Da la impresión de que todos nos asumiéramos dueños de la verdad, al punto que ya nadie cree en nadie, únicamente en uno mismo. Nunca nos hemos sentido tan solos.

Están igualmente los que votarán por razones que asumen prácticas. Por un lado están los que afirman que si Ollanta gana, la inversión extranjera se irá para otra parte y ellos perderán sus trabajos. Keiko, entonces, a pesar de la corrupción que lleva como aureola, se convierte en su mejor opción. Esto significa que un buen número de peruanos puede convivir con la corrupción sin mayores resquemores. Esto no ha de sorprendernos, pues la corrupción fue el aire que se respiró justamente en el Fujimorato y que no se ha desvanecido del todo.

Están los que siguen a Humala. Así esté con máscara de Chávez o de Lula, les da lo mismo. Lo ven como un líder, un verdadero líder peruano: con mano dura, amenazante, dispuesto a poner en línea al que se desvíe. Y también están los que lo ven un poco más cerca a ellos, más terrenal, que a pesar de sus errores los representa.

Llegado a este punto, debo decir que no votaré por Keiko Fujimori. Quizás con ella la economía no altere su rumbo, quizás sí, pero lo que me queda claro es que es altamente probable que volvamos a la degradante situación de vivir en un país que fue tierra de nadie en los noventa. Con Humala, por el contrario, si bien las dudas son muchas, espero que pueda ser controlado, que hagamos valer las leyes para que no desencamine al país. Y me parece que una buena medida sería desde ya controlar a su entorno, a sus asesores y que se respalde al Poder Judicial para que cumpla sus funciones al menor signo de autoritarismo.

No pretendo convencer a nadie, porque no hablamos solo para convencer a los demás.

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