1/07/2014

Carnets

Diversidad
Desde hace casi dos décadas se viene afirmando que la narrativa iberoamericana se caracteriza por su variedad temática, de estilos, de propuestas diversas que ponen en entredicho el hecho mismo de ficcionalizar, que es sobre todo individualista, que defienden o aceptan la hibridez de los géneros, en fin, que es prácticamente inasible apreciarla como un todo, como solía hacerse antiguamente. Dicen que es producto de la globalización, del fin de las ideologías, que la caída del muro de Berlín dejó tantos fragmentos como escritores y tendencias.
Yo he dejado de creer en estas afirmaciones. Me parece que la literatura siempre fue así, que siempre fue híbrida, dispersa, rara, y que desde las nociones y cuestionamientos de la modernidad se ha tenido conciencia de ello, pero que la crítica oficial, la especializada en establecer el canon para cada país o continente o lengua, siempre nos ha querido hacer creer que existía una única forma de narrar (la oficial) y que las demás eran minoritarias, marginales. Más allá de los manuales de la historia de la literatura veremos que los raros han sido siempre parte del proceso literario de todas las culturas. ¿Qué ha pasado entonces para que recién ahora se hable de esta diversidad? Pues que la crítica ha perdido la autoridad de antaño. Que desconfiamos mucho más de estos rectores de la literatura que, con el pretexto de poner orden a lo que se viene escribiendo, lo que hacen es tratar de establecer nuevos cánones. Y, claro, también habrá escritores dispuestos a jugar a este juego.
Esta diversidad no es nueva. Se está pudriendo de vieja, sin embargo qué buena falta nos hacía saborearla.

Marketing
A propósito de la salida al mercado de la novela de Jeremías Gamboa, Contarlo todo, se ha suscitado cierta polémica sobre su calidad. Estas discusiones pueden ser valiosas dentro de ciertos parámetros, principalmente evitando ataques gratuitos entre los polemistas. Pero lo que me llamó la atención es que tanto algunos polemistas como lectores quieren ver el hecho del poco usual despliegue de marketing para lanzamiento de esta novela como algo anecdótico. No me parece para nada un hecho anecdótico. En estos tiempos donde absolutamente todo hecho público es mediatizado y manipulado según sus reglas, no se puede afirmar que su intervención en el arte es anecdótica. Obviamente asociar la palabra marketing al arte, a la novela en este caso particular, no le hace ningún favor al libro, pero esto no significa que se niegue su intervención. Es inevitable. No afirmo que sea beneficioso o dañina para la novela en sí. Esta ya es un producto (dentro del sistema editorial no hay otra manera de llamarla) y como tal quien la financia apelará a todos sus recursos para que llegue a las manos del consumidor. El problema es cuando lo ofrecido no satisface las expectativas anunciadas y genera una frustración en el público. Los expertos en marketing saben que este es un riesgo que correr. Y no es un hecho anecdótico.
El problema que yo veo es cuando esas estrategias de marketing son asumidas como dictámenes de la crítica. Como esta última ha perdido terreno y poder en la prensa, son otros (los propios productores) quienes crean esta distorsión y tratan de imponer su producto.
La prensa es un circo, lo sabemos todos. Un diario, cualquiera, organiza su concurso de los mejores libros del año y pide a los lectores que voten. De pronto vemos que ha ganado el autor X con 3500 votos. Lo cómico es que el libro ganador solo tuvo un tiraje de 500 ejemplares y vendió solo 300. Y lo curioso se torna patético cuando sabemos que el escritor X, el ganador, había pedido en las redes sociales que voten por él. Y el ganador cree efectivamente que ganó por la calidad de su novela. El marketing está detrás de todo esto y no es anecdótico.

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