2/08/2015

Casa de Alma



Revisando una antología de cuentos serbios, encuentro, naturalmente, un texto de Danilo Kiš. Recordé que hace unos años, creo que hace cuatro o cinco, intenté rastrear su paso por la ciudad de Burdeos. Trabajó como lector de serbio entre 1973 y 1976. Al parecer llegó a esta ciudad a poco de publicar un libro que cerraba una trilogía y una etapa en su labor creativa. Los años pasados en Burdeos seguramente le permitieron la tranquilidad necesaria para escribir Una tumba para Boris Davidovitch, que publicó en 1976. Mi rastreo, sin embargo, se interrumpió apenas comenzado. Creí que la mejor y simple manera de saber dónde, en qué calle había vivido y escrito sus libros, era preguntar en la propia universidad donde ofreció sus cursos de serbio. Fui a la administración, me presenté como lector de español que era entonces, y les expliqué que mi interés por obtener al menos la dirección de este escritor era meramente la de un admirador. Pocos días después recibí un mensaje electrónico en el que me decían que la universidad no puede ofrecer datos de su personal. Les llamé por teléfono y les dije que no se trataba de un simple miembro del "personal" universitario, sino de un autor sumamente importante y que, además, había dejado de trabajar en esta universidad hace más de treinta años y muerto hace más de veinte. La respuesta fue: "Lo sentimos. No podemos darle esa información". Para mí quedó claro que detrás de esa respuesta en plural había un muro infranqueable. Pude ser insistente, buscar otras vías, pero no lo hice. 
Sin embargo la idea ha vuelto. Ese muro aún debe existir, pero quizás ahora pueda encontrar, creo, otras maneras de acceso. De alguna manera encuentro lógico que me haya vuelto a interesar en este proyecto justo ahora. Es probable que deje Burdeos, aún no lo sé del todo, y me reinstale en Lima. Por esa razón últimamente me siento invadido por recuerdos e imágenes ligadas a ambas ciudades. Por esa razón, por ejemplo, rememoro continuamente a Alma, aquella muchacha de Lima, de Barrios Altos, de quien ya he hablado antes. Ella falleció apenas saliendo de la infancia, en los años ochenta. En realidad ni siquiera fue una amiga cercana. Ni siquiera sé exactamente de qué murió. Mis otros amigos de infancia seguramente lo saben. Yo no, porque a los once años me mudé y dejé definitivamente el centro de Lima. Tampoco puedo decir que me atraía. Bueno, no como primer apasionamiento adolescente. Pero la recuerdo. Ella se ha convertido en mi imagen de Lima. Lima es esta niña, es Alma; esta muchachita de cuello pequeño, esta chica envuelta en su palidez.  
En un libro de entrevistas a Danilo Kiš, este autor responde a la pregunta sobre el compromiso del escritor. Esta pregunta se la realizaron en Belgrado, en diciembre del 1973, pero ya era el periodo de su residencia en Burdeos. Yo tendría unos cinco años, Alma también, quizás uno menos. Danilo Kiš reniega de la visión que se tenía entonces del "compromiso del escritor", sobre todo en su país. Afirmaba que este tipo de compromisos, que solo buscaban condenar a sujetos, solían perderse dentro de los libros. Para qué escribir, entonces? se pregunta el propio Kiš. Para responderse cita a un escritor francés, Jean Ricardou, quien sostenía que "sin la presencia de la literatura, la muerte de un niño en cualquier lugar del mundo no tendría apenas más importancia que la de un animal en un matadero". 

Siento la necesidad de ubicar la casa de Danilo Kiš y darle así sentido a las imágenes que hoy me acompañan. Además, ahora que lo pienso, nunca vi la casa de Alma.

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